A la mañana siguiente nos despertamos en medio de un campo base cubierto por la nieve. La cara oeste absolutamente blanca se muestra arisca y peligrosa. Pensamos en los que se han quedado en los campos de altura, pero debemos volver, así que preparamos las cargas para las mulas y nos disponemos a hacer todo el camino de vuelta hasta Puente del Inca, donde una ducha y una cama aceptables nos permitirán recuperarnos para volver a Mendoza el día siguiente.
 
     
   
     
La cena de despedida tiene lugar en una bodega mendocina diseñada a partir de los propios toneles de vino. Un asado y los excelentes vinos Malbec y Cabernet contribuyen también a reponer fuerzas. En los postres, y tras las palabras de Cacho mostrando su satisfacción y la del resto de los guías por haber alcanzado con éxito nuestro propósito, les obsequiamos con unas camisetas con la foto de ellos en la cumbre y una leyenda que reza: Expedición Aymará 04/01/05. 16 de enero de 2005 a las 13:130 h. No se lo esperaban y les ha gustado.
 
     
     
              
     
Antes de volver hacia casa para acabar de hacer cumbre, los bifes de chorizo nos ayudan a recuperarnos y a soportar las calurosas noches de Mendoza.
     
     
     
     
Mi último paseo y la última cena en Mendoza los disfruto con Merche, Rafa y Dani, que acaban de llegar para empezar a conseguir su sueño.
     
     
     
 
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