El día 16 de enero nos despertamos a las tres de la madrugada. Nos vestimos, calzamos y desayunamos dentro de la tienda. Cuando salimos al exterior sobre las cinco de la madrugada, la temperatura de diecisiete grados bajo cero nos acaba de espabilar. La noche está serena y estrellada, y a las cinco iniciamos el ascenso. No hace mucho viento, por lo que no se agudiza la sensación de frío. Los frontales iluminan el camino que lentamente vamos subiendo. Parecemos una hilera de luciérnagas. Para cuando llegamos a Independencia, la ruina del refugio mas alto del mundo a unos 6250 metros, el sol saliente nos calienta la cara. Haky no ha podido seguir, y los hermanos brasileños Fernando y Gustavo tampoco siguen

Superamos el portezuelo del viento, sin prácticamente viento, y cruzamos la travesía para llegar al pié de la Canaleta, a 6600 metros de altura. Sandra presenta síntomas de hipotermia que tras el descanso en aquel lugar desaparecen. Subir la Canaleta es aún más lento y duro que todo lo que hemos hecho hasta ahora. Cada paso es un esfuerzo agotador. Pero finalmente llegamos al Filo del Guanaco y allí tomo conciencia que sí, que llegaré a la cumbre, que podré hacer realidad la esperanza que tenía de conseguirlo.

 
     
        
     
Hacia las 13:30 horas pisamos el techo de América. 6962 metros sobre el nivel del mar! Desde allí vemos la cumbre sur y el tramo final helado, aunque algo cubierto por las nubes, de la cara sur. Hacia el norte el Cerro Mercedario, en el oeste la nubolosidad no nos permite divisar el Pacífico y en el este, el glaciar de los Polacos parece remontar la montaña hasta lo más alto. El sueño se ha hecho realidad, y la felicidad y la euforia son las dueñas de los sentimientos. Los minutos en la cumbre traspasan la bellaza y llegan a ser sublimes. Nadie piensa en la hora, ni el frío, ni en el cansancio, pero como dice Horacio, habremos hecho cumbre cuando estemos de regreso en nuestras casas.
     
     
     
     
     
     
     
     
     
La bajada de retorno al campo 3 es muy dura, pues el cansancio, casi agotamiento, nos pasa factura y hemos de tener mucho cuidado con que la euforia no nos aleje la concentración. Una vez en el campo 3 nos disponemos a descansar en las tiendas tanto como podemos. Al día siguiente bajamos de un tirón hasta el campo base bajo un cielo nublado cada vez más amenazador de tormenta. En Plaza de Mulas, las chicas del campamento nos han preparado una cena a base de pizzas de toda clase y champán Chandon argentino. Los porteadores y los guías llevan toda la tarde festejando con un asado que quince montañeros y seis guías han hecho cumbre.
 
     
     
     
   
 
    Subir