Como estaba previsto seguimos hacia arriba. Tras una dura ascensión por el frío y la altura, pasamos junto a los refugios Plantamura, Libertad y Berlín situados a unos 5850 metros sobre el nivel del mar. Aquí es donde mejor se aprecia el Ritmo del Chirripó, el paso lento, pero firme, con el que Fernando, el tico, acostumbra ascender a ese volcán costarricense, máxima altura de su país con 3800 metros de altura. En Colera montamos el campamento y nos preparamos para el gran día. La carpa-baño, símbolo de la limpieza en altura, nos acompaña hasta el último momento. Mañana, si el tiempo lo permite, afrontaremos el último tramo de ascenso al techo de América
 
     
     
     
 
 
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